Déjame que te cuente que mi habitación olía a tabaco y las pelusas tenían vida, que a veces lloraba durante el día y me escondía. Dejame que te cuente que a veces escribo en argentino... y a veces no. Te cuento que el tabaco no era mío, subía por la ventana e invadía mi habitación. A lo mejor no olía a tabaco, pero yo había fumado más temprano y mi mente jugaba con mis sentidos, se vengaba.
Antes de eso, te leí.