sábado, 11 de junio de 2016

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Te leí crecer y me produce un poco de vértigo saberte adulta. Hace casi dos años no eras más que una adolescente de quince o dieciséis años; entonces me prometí escribirte y supongo que esto es el principio de aquello, pero el vértigo, ¡qué vértigo! Casada (¿y con una hija?), me pregunto si leerás esto. No creo, cosas más importantes tendrás para hacer. No sé si estoy preparada, hay una buena historia en todo esto y yo no sé escribir (sé balbucear, alguien alguna vez me creyó capaz de más). Pondré en vos muchas cosas que no sos: cosas que soy yo, cosas que son otros.
Este es el prólogo de algo que probablemente nunca exista. O quizás sí, quién soy yo para negarme ese placer de ser. Me pregunto cómo serás en realidad y llenaré los vacíos inevitables entre tus palabras con conectores innecesarios, ¿cuánta imaginación me hará falta? Porque yo de eso no tengo. Tengo lo que me diste y te doy las gracias.
Un primer paso inesperado.

De sobre

Con las uñas rotas y pienso que todo es pretensión (yo también soy pretensión, pero no llego, no cumplo). Espero encontrarme en algún momento, pero solo siento que ya se me hizo tarde, aunque si no me muero mañana, tiempo hay. De sobra. Me gustaría haber sido esa chica adolescente con dinero y el alma hecha tirones que enamora (que atrae), como Oona. La que se pasa con el alcohol y las drogas y parece que supo vivir (supo morir, pero con qué glamour), sus ojeras la decoran (cuentan una historia) y su torpeza invita a rescatarla (¿quién no quiere ser rescatada?). Me digo entonces que estoy rota (¿quién querría ser esa chica?). Me digo después que es mentira. Me respondo entonces que es verdad, porque me rompieron. Me explico que me vendieron la autodestrucción y al mismo tiempo los complejos (imposible lo uno con lo otro).
Rota (por los otros), no me queda tiempo para ser eso (que quiero ser porque ya sé que pude ser otra cosa). Reprimo el impulso de dejarme corromper también. Estar rota es suficiente (duele, duele, duele). 
Escondo todo lo que no entiendo hasta que explota el cajón, ¿y qué queda? Todo menos yo.

domingo, 5 de junio de 2016

Suficiente.

Mirá, gracias, eh. Es que sin vos no sé qué haría. Es que guau. Menos mal que estás vos no vaya a ser que quede tal cual y la gente no lo entienda. Porque no es que yo no quiera/necesite que se entienda, es que hace falta que lo aclares. Porque lo poético pa qué. Y es pregunta, claro. En cualquier caso, que menos mal, eh, menos mal.


Callate.