viernes, 21 de octubre de 2016

Plisdongó, plisdongó, ailaviu so, ailaviu so (oh oh oh)

Por las grietas, las goteras. Esta semana fue la de las inundaciones y las cataratas en los ascensores, que a fin de cuentas vendrían a ser lo mismo (inundaciones y cataratas, no cataratas y ascensores).
Con tanto tiempo libre ya conté todos mis lunares y mis cicatrices. Un número redondo, como la nada. 

El cielo gris de Barcelona y las paredes verdes del parque me hicieron sentir en Inglaterra. No sé si bien, no sé si mal. Sé que fue. Estuve, como estuve en tantos lugares. Todo se desvanece y se convierte en un único recuerdo desordenado.
¿Qué aprendí?
Me reafirmé.

sábado, 15 de octubre de 2016

En el silencio

Te veo mirarme a través del agua con los ojos cerrados. Se esconde en el aire lo que ya fue y me cuesta respirar. 
Ir es hacerme mil cortes en la piel, en lugar de apuñalarme. Me cuento mentiras que duelen hasta creérmelas porque el dolor pareciera más real que la tranquilidad. Supongo que el mejor futuro es un cielo azul celeste con nubes blancas opacas que simulan ser de algodón y una sonrisa que calla la voz de la razón, de la tragedia, de lo inevitable. 
Puede evitarnos la alegría, pero en el desastre se puede confiar.
Y todo esto lo digo sin que me tiemble la voz, sin la desesperación de la dependencia.