domingo, 4 de junio de 2017

Y saber

Nadie canta el aburrimiento.

Esa no es la cuestión.
Estoy aburrida, pero la cuestión es otra.
La cuestión es que soy infeliz. Una bola de nada en movimiento. Todo es trabajo, esfuerzo, desagradecimiento.
Debería ser feliz. Miro para adentro y me encuentro, chiquita y sola. Tanto tiempo en el que debería haber sido feliz. Debería y no lo era. Miraré para atrás y me diré que tendría que haber sido feliz ahora. 
Nunca seré tan joven, nunca tendré tanto tiempo por delante, mírenme y vean.
La manguera silba, hay sol, viento y cansancio. El aburrimiento cansa tanto y nunca conocí otra cosa (excepto borracha, desconectada, ciega: abandonemos la conciencia, la realidad puede esperar).
Me siento egoísta por ser infeliz, pero esa es otra.
Si todo el mundo está igual, si todo el mundo está tan agotado, ¿por qué lo seguimos intentando?
Y si todo el mundo está cansado, no importa lo que haga, a dónde llegue; todo da igual. Me obligo a ser algo más para demostrarme que mi infelicidad está adentro, que ser y tener no significan nada.
Me siento parte de una secta, repitiendo mentiras que no me creo intentando convencer y convencerme.
No sé qué es verdad ni mentira, quiero ser de los que digan: lo tengo todo y, en serio, sigo sin ser feliz. Porque el dinero no da la felicidad, pero no tenerlo tampoco.

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