En un diálogo interior, infinito y repetitivo, me hago preguntas que rozan lo macabro con la excusa de prepararme por si, a lo mejor, algún día, alguien más pueda planteármelas. Sé que en realidad solo busco recrearme, rebozarme en mi pasado, con orgullo y pena. Me llevo casi al llanto porque no encuentro alternativas.
Y estoy bien.
Pero las hormonas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario