Su amor, como el del resto, tiene poco que ver conmigo. Me cansé de llevar conmigo la culpa, como si abandonar hubiese sido cosa mía. Como si irse mereciera culpables.
Nos fuimos. Pasó. Costó.
No pensé que fuese a sentirme así.
Su amor, el de todos ellos, tiene poco que ver conmigo. No los conozco y, pasada la angustia adolescente, ya sin pretensión alguna de individualidad, ellos tampoco me conocen.
Quedamos lejos y decido rendirme. No creo que vayamos a acercarnos, no me imagino como sería si pasase.
Si se da, se dio; si no, ya fue. Ya se terminó.
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