Me pone nerviosa hablar con Vos. No me dejás hacerte preguntas, me lo tenés prohibido. Una prohibición que no es tal, pero las condiciones a las que tengo que atenerme la convierten en una. Me pedís que espere, me soltás burbujas independientes de datos que no pueden unirse porque explotan <pop> y te parece normal. Me pedís paciencia y si no supiera lo que viene después respondería que te fueras a la mierda. Sin rencor, eh, ya sabés que Yo mando a la mierda con mucha educación, con una educación silenciosa. Te mandaría a esa mierda de la que sí hay retorno y a quien le interesa volver, vuelve, porque, justamente, no es una mandada a la mierda rencorosa.
Vos, sin embargo, tenés una excusa maravillosa para que no te mande a la mierda, para que sonría mientras pienso en como estoy perdiendo el tiempo, mientras intento convencerme de que en realidad es una inversión. Me conozco demasiado y sé que me engaño. Quién pudiera engañarse a placer y sin saberlo- y volvemos a lo mismo desde un lugar totalmente distinto.
Porque no estoy hablando de lo que hablé tantas veces pero, viste, todos los caminos llegan a Roma...
Y tu Excusa, tu Excusa no la tomás como tal, Vos no la estás viviendo. Supongo que eso pasa más frecuentemente de lo que creemos. Gente contando Excusas que para Ellos solo son Razones. La Excusa es en general la Aceptación de una Razón muy a pesar de quien la acepta, una Aceptación a regañadientes que a veces se termina por desechar; y otras pocas es el Motivo que Alguien cuenta sabiendo que no es Motivo, un No-Motivo que se acepta o no se acepta según a quien se lo estés dando.
Escribiendo esto ya no siento lo que sentía cuando empecé. No me gusta hablar con Vos, así, no, pero de alguna forma hay que llevarnos a hablar como es debido. Creo que lo sabés, creo que a Vos también te enerva hablar Conmigo.
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