En mi lista faltaban Oona y Salinger y El viejo y el mar, así que quién sabrá que otros títulos faltan.
Venía con la idea de insertar un párrafo (o varios), casi al azar, de París no se acaba nunca y quedarme con la conciencia tranquila de que en él Vila-Matas ya expresó mejor que yo cualquier cosa que yo pudiese tener para decir. Al fin y al cabo, nunca decimos nada, solo reinventamos lo que ya nos dieron, repetimos, no creamos; ¿me equivoco?
Ahora me pregunto si es que realmente dice mejor que yo algo que ya llevaba yo dentro o si al leerlo se me despertó. O tal vez lo leo según lo que llevo dentro y no importa si lo que dice es o no lo que yo quiero decir. Esto tampoco es nuevo. De esto Vila-Matas no dice nada (en este libro, el único suyo que me leí).
Y la desesperación, ¿qué es?
¿Y la bohemia?
¿Y el pasado?
Me dejó el libro como a gusto, tranquila. O coincidió el final con el final de un proceso hormonal exagerado por la falta de privacidad y autonomía. O acepté la falta de privacidad y autonomía como mía. «Acá no tengo vida», dije, y me arrepentí. Y es que no hay nadie a quién pueda preguntarle al respecto y me sepa responder. Me propuso al rato o a los días que me fuera cuanto antes, que atase cabos y tomase decisiones. No con esas palabras, pero por algo no usé comillas. Pude quedarme tranquila porque le dije que no es que quisiera irme, que solo estaba mal sin más, no por estar acá. Lo aceptó, pero admito que no es un enunciado demasiado tranquilizador.
La conversación no era con Vila-Matas, aunque viene al caso por eso que dije antes de que terminar el libro me dejó como tranquila.
«Tenés puesta una coraza y no dejás que nadie se te acerque».
Lo del proceso hormonal es como lo del huevo y la gallina, sin principio ni final.