viernes, 26 de agosto de 2016

Un mes

Tengo muchos planes y eso es bueno porque alguno de todos esos tiene que salir. Tengo muchos planes y eso me da vértigo porque siempre pasa que no me hago amiga de la constancia. 
En cualquier caso: hagamos listas, pongámonos horarios, marquémonos objetivos e intentemos dejar de comer chocolate. Por lo menos dos días tiene que durarme la energía, más allá de la más que posible anemia galopante que me acompaña (no hago nada al respecto, no me gusta sentirme sola).
Mañana.
Mañana diré que mañana, porque mañana está más lejos que hoy y a quién queremos engañar.
Treinta y un días.

lunes, 22 de agosto de 2016

Soy, sos, somos

Vomitaba emociones, sonreía porque lo que sentía era mucho más que el aburrimiento.
Claro que al día siguiente (¿o esa misma mañana?) me estuve dando asco constantemente.
¿Por qué pasó si no me gusta que pase?
Porque estaba atrapada.
¿Por qué me doy asco si me trae la euforia?
Porque estoy harta.
Y la verdad es que no fue tanto, no fue nada. Pero lo que trae consigo es más de lo que fue. Es todo lo que fue antes y parece que nunca deja de ser.
Solo somos lo que hicimos.

miércoles, 10 de agosto de 2016

D'ailleurs

 -, c'est toujours les autres qui meurent.
Marcel Duchamp

Lo de aburrirse de uno mismo y de lo absurdo de la desesperación vacía sí que habla Vila-Matas. También dice que «[n]adie nos pide que vivamos la vida en rosa, pero tampoco la desesperación en negro», entre otras cosas. Y yo hace poco dije que si no hablaba en gris sentía que sentían que me perdían y me parece todo esto muy algo, algo que me hace sonreír. 

Una especie de sedante

En mi lista faltaban Oona y Salinger y El viejo y el mar, así que quién sabrá que otros títulos faltan.
Venía con la idea de insertar un párrafo (o varios), casi al azar, de París no se acaba nunca y quedarme con la conciencia tranquila de que en él Vila-Matas ya expresó mejor que yo cualquier cosa que yo pudiese tener para decir. Al fin y al cabo, nunca decimos nada, solo reinventamos lo que ya nos dieron, repetimos, no creamos; ¿me equivoco? 
Ahora me pregunto si es que realmente dice mejor que yo algo que ya llevaba yo dentro o si al leerlo se me despertó. O tal vez lo leo según lo que llevo dentro y no importa si lo que dice es o no lo que yo quiero decir. Esto tampoco es nuevo. De esto Vila-Matas no dice nada (en este libro, el único suyo que me leí). 

Y la desesperación, ¿qué es?
¿Y la bohemia?
¿Y el pasado?
Me dejó el libro como a gusto, tranquila. O coincidió el final con el final de un proceso hormonal exagerado por la falta de privacidad y autonomía. O acepté la falta de privacidad y autonomía como mía. «Acá no tengo vida», dije, y me arrepentí. Y es que no hay nadie a quién pueda preguntarle al respecto y me sepa responder. Me propuso al rato o a los días que me fuera cuanto antes, que atase cabos y tomase decisiones. No con esas palabras, pero por algo no usé comillas. Pude quedarme tranquila porque le dije que no es que quisiera irme, que solo estaba mal sin más, no por estar acá. Lo aceptó, pero admito que no es un enunciado demasiado tranquilizador. 
La conversación no era con Vila-Matas, aunque viene al caso por eso que dije antes de que terminar el libro me dejó como tranquila. 

«Tenés puesta una coraza y no dejás que nadie se te acerque». 
Lo del proceso hormonal es como lo del huevo y la gallina, sin principio ni final.

lunes, 8 de agosto de 2016

GAH

Trescientos veintiocho,
trescientos veintisiete,
trescientos veintiséis.
Esperaba tener otra noche de habitación propia. Ya estoy condicionada desde hace años. 
No puedo dormir.
Un capítulo más, y otro, los que hagan falta para no ser yo, para no estar viva. ¿Será eso? 
Trescientos veinticinco,
trescientos veinticuatro,
trescientos veintitrés.
Estoy cansada y no tengo sueño y hoy fui a nadar, ¿no es suficiente?
Frases a medias porque para qué elaborarlas si son todas iguales, si no sirven para nada.
No sirven para nada.
Qué agotadora esta conversación conmigo misma. Ya estoy harta. 
Tranquilo, no sos el único que quiere que nos vayamos de esta casa.
TRESCIENTOS VEINTIDÓS,
TRESCIENTOS VEINTIUNO,
TRESCIENTOS VEINTE.
Qué aburrido es vivir dentro de mí. 
Qué bien se está abajo del agua.