sábado, 10 de enero de 2015

Denme unas tijeras para deshacerme del círculo

La ensaladera esa de cristal va a terminar estallando contra el suelo.
Los vasos, uno a uno, van a empezar a caer. 
Suena música clásica, todo otro sonido se ahoga en ella, nada más se escucha, ni siquiera el grito que le desgarra la garganta. Los movimientos son lentos, unos pocos segundos caben en cada minuto,
hasta a la gravedad le cuesta hacer su trabajo.
Pedazos de cristal de todos los tamaños vuelan por los aires, aterrizan por todas partes. No tiene tiempo para sorprenderse de que ninguno le haya arañado las piernas, pero con cuidado deja los pies pegados al suelo, con cuidado, con cuidado, no realiza ningún movimiento, hace fuerza intentando hundirse en sí misma. Agarra otro vaso, más fuegos artificiales que no queman pero cortan. 
Se le acabaron los vasos.
Tiene que respirar.
Silencio.
No hiperventiles.
Se deja caer sobre las rodillas con los brazos colgando a los costados, tranquila, consciente.
Se me están clavando los cristales. Voy a tener que limpiar la sangre del suelo. No puedo dejar pruebas de esta desesperación.
La ensaladera está intacta y los vasos en su lugar.
Todo sigue igual.

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