sábado, 31 de enero de 2015

La melancolía del viajero

Todos pedimos que alguien invente el teletransporte cuando a veces lo mejor del viaje es el camino. No, no es una metáfora cutre. Hablo literalmente del camino en sí, de las horas en tren y demás. Puede que no lo mejor, pero es parte importante. Sin eso el viaje queda como insulso, ¿no? Sin historias de valijas perdidas o aviones retrasado. Me acabo de imaginar un avión retrasado y me hice reír. Soy cruel e idiota, pero me entretengo. En cualquier caso, que me estoy leyendo La vuelta al mundo en 80 días y pensé en la poca gracia que tendría plantearse un reto como ese a estas alturas de la tecnología. Oooooh, dio la vuelta el mundo en 48 horas. Qué logro. Qué logro de mierda. No hiciste nada, te sentaste en aviones hechos por unos y pilotados por otros. Te acomodaste con un mp4 y esperaste, seguiste carteles en distintos aeropuertos y mostraste tu pasaporte. No me jodas. El mundo tenía mucha más gracia y misterio hace unos siglos. Sobre todo si tenías plata para permitirte respirar, claro, eso no se lo voy a negar a nadie. Pero eso, que está bien eso de la rapidez pero qué vanalización se ha hecho del viajar
Lo único malo de los círculos es que no tienen salida. Esto no tiene que ver con nada de nada de nada, pero verdad es.

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