miércoles, 29 de abril de 2015

Molida

Ramona Molida vivía en Gascueña. Ramona tenía un primo. Ramona y su primo tenían el mismo trabajo en la misma empresa con el mismo jefe y los mismos compañeros. Ramona, su primo y sus compañeros a veces iban a tomar unas cañas al bar de la esquina. Ramona, su primo y sus compañeros aprovechaban para criticar a su jefe y hablar de boludeces. Ramona se llevaba bien con su primo y con sus compañeros. Ramona también estaba un poco cansada de Gascueña, de su primo y de sus compañeros.
Los accionistas de la empresa decidieron que era hora de vender, condición de tal acuerdo era que no podían despedir al personal. Así que los nuevos dueños no lo hicieron. No despidieron a Ramona, ni a su primo, ni a ninguno de sus compañeros.
Recursos Humanos se encontró una estrellita dorada en los informes de Ramona y su primo y les hicieron ofertas que no podrían rechazar. Al primo de Ramona le propusieron un ascenso, con un sueldo menor pero más responsabilidades, con un nombre largo y bonito que adornaría su currículum y le permitiría al cabo de un par de años llegar a socio. Por si no le gustaba mucho la idea, también le ofrecieron un ascenso y su correspondiente aumento de sueldo, claro que el prestigio de ese puesto no se correspondía con el anterior. Tal vez, le dijeron, prefieras un aumento pero mantener tu puesto de trabajo, todo se puede negociar. ¿O un ascenso por aquí y un aumento por allá pero sin esto de más acá? 
Ramona se conocía todas estas posibilidades, le habían hecho las mismas ofertas. Ramona, aparte, había pedido que la mandasen a la capital y se lo habían concedido. Ramona estaba contenta y nerviosa.
El primo de Ramona le había explicado a todo ser vivo con oídos su gran dilema. ¿Ascenso, aumento, prestigio, carajo? ¿Ascenso, aumento, prestigio, carajo? Todo el que había tenido el honor de escuchar sus dudas se las sabía ya de memoria. Ramona habría sido capaz de repetir su discurso palabra por palabra, gesto por gesto, respiro por respiro. Ramona tampoco sabía qué elegir y ya era la séptima vez que su primo le contaba su situación, como si de la primera se tratase, una situación no muy distinta de la de Ramona, que pensó que tal vez a su primo no le importaría escuchar como intentaba arreglarse. Ramona estaba equivocada, su primo no quería escucharla, porque Ramona se iba a la capital y él se quedaba y tenía que elegir: ¿ascenso, aumento, prestigio, carajo? Ramona estaba harta.

lunes, 27 de abril de 2015

¿Podrías querer a alguien que juega a la ruleta rusa con la cabeza de otros?

This side up

Había hecho mío el peso que cargaba mi vecino. Cada vez que los rumores me decían que había conseguido deshacerse de él sentía el alivio y estiraba mi espalda. Visualizaba con una sonrisa como la caja llegaba al suelo, lentamente, con cariño y rencor. Mi vecino sufría, la caja pesaba pero era suya, seguro que había lágrimas bajando por sus mejillas. Ojalá pudiese verle la cara, ojalá pudiese preguntarle, ojalá pudiese convencerle. Mi vecino no sabía que detrás de esa esquina la atrapada era yo, no sé por qué, no sé que hacía yo ahí, como si no tuviese nada mejor que hacer. Le habría dado igual. Estaba tan concentrado en la caja... Dio un par de pasos y retrocedió. Usó la espalda y no las piernas para volver a cargar con la caja. Crujió. Lo ignoró. Un par de pasos y la caja cayó con más fuerza que antes. Idiota.
No sé cuántas veces soltó y recogió la caja. 
Maldito vecino, maldita caja, malditos dolores de espalda.

domingo, 26 de abril de 2015

Puso las manos bajo sus ojos y él dejó que se le cayeran para que ella pudiera quedárselos. 
Gracias.
Un placer.
Creo que las pastillas me dan dolor de cabeza.
Creo que también me deprimen.
Creo que el estrés es una amenaza.

Me tengo que ir a duchar.

sábado, 25 de abril de 2015

Hemos... manejado hasta ahora una ficción: no es la lengua la que dice lo que quiere decir, es el locutor.

Qué

Explotó la birome. En realidad, no. Nunca pasó. La tinta que de las manos te llegó a la cara nunca estuvo ahí. Te miraste en el espejo y la viste pero no era más que una ilusión. Y ahora estás confundido porque querés decir que eran sombras, pero para que haya sombras tiene que haber luz y la luz estaba apagada. ¿Cómo hiciste para verte en el espejo?

viernes, 24 de abril de 2015

Las reglas del juego son facilitas. No importa lo que te pregunten respondé con una mentira. El que siga vivo más tiempo, gana.

miércoles, 22 de abril de 2015

Microfractura

No me pinté la uña para no tapar la evolución, la mancha roja ya está violeta y se ríe de mi ignorancia. Un anillo de dolor a una altura comprensible.
La verdad no se sabrá nunca porque estaría sola, o eso quiero pensar si es que es cierto que no había nadie presente. El recuerdo nunca existió. No tendré respuesta.
Es inútil insistir con la misma pregunta. 

sábado, 18 de abril de 2015

Apocalipsis

Asimismo, el título de otra obra de Steinbeck, The Grapes of the Wrath, puede estar inspirado en la imagen empleada varias veces en el Apocalipsis (14, 10, etc.).

No me pienso ir a dormir hasta que haya terminado esto.
No quiero tener que hacerlo en otro momento así que tengo que hacerlo ahora. 
¿Dónde están mis cuatro jinetes?

miércoles, 15 de abril de 2015

Me dan asco

Como el chicle que se pega a la suela de la zapatilla y esperás que con paciencia y paso a paso se vaya despegando, sin más esfuerzo, con toda la frustración que eso supone. 
El chicle sigue ahí, provocando una desagradable sensación de claustrofobia. No podrás librarte tan fácilmente, parece que te dijera.
No querés pero tenés que agarrar un palo y raspar, agua y pañuelos de papel si hace falta. El ataque directo es mucho más desagradable, pero mucho más efectivo.
Te echás la culpa porque no mirabas por donde pisabas cuando sabés que la culpa es del desgraciado que tiró su chicle al piso en lugar de a un tacho.

Popurrí

Tengo sed constantemente. 
Últimamente no estoy teniendo hambre pero como igual, la costumbre... la supervivencia, que lo llaman algunos. 
Al español lo que le falta es un pronombre neutro.
Me sorprendo y me lamento de cosas que no son, cuando tampoco hice nada para que fueran. La vida, que lo llaman.
Quiero ser espontánea y me da miedo porque si sale mal me van a tener que arreglar otros. Pobres otros.
Tengo miedo, mucho mucho miedo. Hago de cuenta que no, que no me importa nada, pero todo me da miedo. Siempre estoy intentando demostrar(me) algo.
Tengo curiosidad. 

martes, 14 de abril de 2015

A pensamientos necios, ¿qué?

Y yo me pregunto si a quienes admiro también sintieron la mediocridad riéndose de ellos. 
Y si así fuere, ¿cómo supieron que estaban equivocados?
¿Se puede saber eso?
¿Lo estaban?

meikitstahp

Hay un placer en no estar disponible. Una tranquilidad en la que lo que no es, tampoco podría ser. Un homicidio de las posibilidades que anhelo y, muy a mi pesar, también aborrezco. 

sábado, 11 de abril de 2015

¿Qué es lo que (no) sabés y qué es lo que (no) creés?

No sé qué esperás que te responda. O sí, lo sé, y si así fuera, ¿qué te convenció para que creyeras que lo que pasa es que no quiero admitirlo? O admitírtelo, a vos, como si no te dijese verdades. 
Sé que nos parecemos, sé en que nos parecemos, te molesta que me crea que sé cosas, creo. 
Te lo repito: no es eso, no es eso, sé que no es eso. No sé lo que es pero sé que no es eso. 
Te duele escucharme así, sin poder consolarme, escucharme como nunca antes me habías escuchado. Te hacías una idea de lo que te dejaba suponer, pero no lo tenías tan asumido, tan claro. ¿Me creés ahora? Ahora que decidí no ocultarme, ahora que decidí que era demasiado para mí, ¿me creés? 
Sigo sin creérmelo yo, eh, tampoco te creas... Lo intento mientras intento todo lo contrario. Estoy enfrentada a mí misma y no puedo decirlo en voz alta por miedo al ridículo. Las ideas contradictorias, los sentimientos encontrados, no son muy respetados entre los seres humanos. A mí tampoco me gustan. Cuánto odio llevo conmigo y qué poquito lo aprecian los demás. Odio que canalizo hacia mí misma y me hace daño. Nadie debería odiar tanto.
No, no me creés, y en parte es culpa mía porque yo tampoco me creo.

sábado, 4 de abril de 2015

La otra noche

Por algún motivo que no era capaz de recordar estaban en la casa de sus abuelos. Claro que su abuelo ya no estaba en ninguna parte y su abuela... su abuela estaba en otro lado, una historia para contar en otro momento, o para no contar nunca. No todo tiene que decírse en voz alta para ser asumido.
El caso es que estaban ahí, donde habían pasado tantas cosas, donde habían tenido lugar tantas conversaciones que no había entendido y que ya no hubiese sido capaz de recordar aunque se lo propusiera. 
Estaban solas. La luz artificial que no provenía de ningún lugar iluminaba el comedor homogéneamente. La persiana del balcón que no era tal estaba, como tantas otras veces, bajada hasta la altura de sus rodillas, ¿o tal vez más? Aún era de día fuera de esas paredes. Intuía un cielo azul que no cabía en su campo de visión, pero sabía que estaba ahí, sin una mísera nube, como burlándose de su persiana.
Las puertas estaban abiertas y daban a una oscuridad poco natural. No se molestó en asomarse, era consciente, en su inconsciencia, de que no podría distinguir una mísera forma a pesar de sabérselas de memoria, a pesar de que, ella lo sabía, las persianas de las otras habitaciones estaban bajadas solo hasta sus rodillas, o menos, y, si hubiese creído por algún momento que las leyes de la física estaban encendidas, debería estar todo el piso medianamente iluminado. Lo cierto era, estaba segura de ello, que la oscuridad significaba vacío. Ella también desaparecería si intentase adentrarse en esa nada. 
La mirada fija en su hermana, que estaba diciendo algo, conocía las palabras pero no tenían sentido. Era como un susurro alto y claro que no llegaba hasta sus oídos. Intentaba concentrarse pero la escena le robaba atención. La veía mover los labios, con la mirada vaga hacia sus manos. Estaba ocupada llenando un tiempo muerto con manualidades. No relacionaba los sonidos, ni las imágenes, no llegó a descubrir qué estaba haciendo porque de repente había entendido una frase y el peso había conseguido que se supiese en una pesadilla.

jueves, 2 de abril de 2015

Daemon

Cuidado.
¿Lo viste? Latente.
Detrás del humo se esconde, lo sabés.
¿Cómo advertir al resto sin que ataque, sin estrategia? 
Cuidado.
Está suelto, salvaje, se acerca, acecha. Qué impotencia, e intentás ignorarlo pero es inevitable. Avisá, avisá cuanto antes porque una vez que ataca es insaciable. ¿Cuántas veces te enfrentaste a él, cuántas saliste victoriosa? 
Respondeme.
Se acaba el tiempo.
Cuidado.
Ya es tarde.