No lo vi irse. Estaba ahí y desapareció - ya era hora - sin avisar. Tal vez lo intentó pero yo estaba muy borracha, a veces pasa. Qué sensación tan agradable no tener unos ojos clavados en la nuca, no caminar sobre cristales rotos. Qué lindo no ser consciente de las responsabilidades pero saber que están ahí, acechando, incapaces. Saberlas e ignorarlas. La tranquilidad de quien de repente es feliz.
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