Estos delirios de grandeza no son más que un síntoma de la más baja autoestima.
Hasta ahí, no voy a desarrollarlo.
Por otro lado, abandonaste la transparencia, a mis ojos. Cobraste vida, tomaste color, a mis ojos. Los demás ya te veían. Me da vergüenza pensar lo que pensé y pido disculpas, pero no muy alto porque no sabes que he pecado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario