lunes, 18 de mayo de 2015

La cerradura está rota

Pocos momentos son nuestros, el resto les pertenecen a los demás. Algunos los damos, otros los robamos, o nos los roban, raspando, arañando, ¿no me oyes gritar? Este momento no te pertenece y no quiero dártelo, te lo prometí en un pasado y ya no soy la misma, vos tampoco. Esto no es tuyo y me pregunto qué estás haciendo aquí, por qué te llamé, qué andaría yo buscando para encontrarte y pensar que eras vos. 
No era nadie, era un momento lo que buscaba, la suma de muchos de ellos supongo, y los encontré cuando paré de buscar, ¿quién lo diría? cualquiera, y aunque no te des cuenta me los estás quitando, me estás coaccionando, me lastimás, pará. 
Quiero culparte por no verlo, quiero sentarte en un rincón de cara a la pared para que reflexiones sobre lo que estás haciendo, quiero que me pidas perdón y vuelvas cuando te necesite, si te necesito. El egoísmo reprimido provoca úlceras. 
Me trago mis palabras en pos de unas más ligeras, más digeribles, porque te culpo y sé que no es tuya la culpa, porque dentro de este remolino sigo siendo consciente y creo que ese es el problema. Ya no soy yo si estoy despierta; ya no soy yo en ninguna circunstancia. Solo soy si no estoy. Dejame salir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario