miércoles, 31 de diciembre de 2014

Un año más, un año menos

Bueno, no soy muy de escribir cosas de este estilo, pero voy a hacer una excepción porque es Fin de Año, y todos sabemos que una vez que den las doce y la última cifra del año cambie, no sólo cambia el año. Cambiamos nosotros y nuestras vidas, cambia todo. 
Así que creo que ha llegado el momento de hacer balanza, puesto que más tarde y más próxima a la hora de la transición no tendré posibilidad de hacerlo.
Allá va:
NO ME TERMINÉ DE LEER EL LIBRO QUE PRETENDÍA ANTES DE QUE SE ACABASE EL AÑO. POR QUÉ. POR QUÉ.

No podés compartir lo que no podés explicar

Entrada antigua, ponen. Como si la palabra anterior, o incluso previa, no existiese en español, como si no se ajustase mucho más a lo que en realidad están diciendo. 
Entrada antigua, dicen y se quedan tan contentos. Como si se hubieran apropiado de repente de la palabra y pudieran hacer con ella lo que quisieran. 
Hacemos nuestras palabras que no lo son y pretendemos que los demás comprendan el significado que les vemos. Lo malo de intentar explicarlas es que, por escrito u orales, las explicaciones resultantes no son más que otro conjunto de palabras apropiadas que esperamos que el otro entienda. Hablar le quita a lo que tengas que decir todo su sentido, lo vacía y te vacía. 
No terminé nunca ninguna conversación, no estoy de acuerdo con nada de lo que dije porque lo que deseaba soltar no vio la luz - ¿no oyó el sonido? 
Me preguntas si las cosas no habían quedado claras, como si eso fuese posible.

martes, 30 de diciembre de 2014

Alternativa

Con todas las películas buenas que hay, me tuve que ver este bodrio. Bodriazo. 
Va de una prostituta de lujo y como un barman se enamora de ella y como se acuestan porque ella se cree que es rico y entonces los ve el tipo que la mantenía a ella y la deja y ella lo hace perder el trabajo al barman y entonces el barman se convierte en el prostituto de una que le regala unas pesas y entonces consigue ropa carísima y un reloj carísimo y un scooter y entonces la prostituta se enamora de él y él está dispuesto a dejar de sacarle plata a la rica con tal de que la prostituta vuelva con el señor que la mantenía al principio y entonces la prostituta se da cuenta de que sí, estaba enamorada y mejor dejar la vida de prostitutos e irse los dos a Venecia y vivir del aire, porque no sé de qué pretenden vivir.
Yo haría un pequeño y único cambio:
Que vaya de una prostituta de lujo y como un barman se enamora de ella y como se acuestan porque ella se cree que es rico y entonces los ve el tipo que la mantenía a ella y la deja y ella lo hace perder el trabajo al barman y entonces el barman se convierte en el prostituto de una que le regala unas pesas y entonces consigue ropa carísima y un reloj carísimo y un scooter y entonces la prostituta se enamora de él y él está dispuesto a dejar de sacarle plata a la rica con tal de que la prostituta vuelva con el señor que la mantenía al principio y entonces la prostituta se da cuenta de que sí, estaba enamorada y como no quiere que eso se interponga en sus proyectos personales va a la habitación del prostituto y agarra una de las pesas y le pega un golpe en la coronilla, él cae al suelo justo cuando la señora entra en la habitación y se encuentra con el cadáver de su prostituto en el suelo, la prostituta con la pesa ensangrentada en la mano, dándole la espalda pero medio girada, mirándola con cara de terror y locura, así que la señora saca un arma de su bolso y le pega un tiro en la mitad de la frente.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Yo soy yo y otras cuantas

Esto sí es culpa tuya. Claro que que la culpa sea tuya no quita que también sea mía. 
Esto es culpa de los dos y yo lo sé. Vos también lo sabés, seguro que lo sabés, no podés no saberlo. 
Venía bien, atenta pero acomodada, acostumbrada. Tenías que joderlo. Tenías que llevarme otra vez a ese lugar sin arribas ni abajos ni derechas ni izquierdas. Me pierdo porque sé que no puedo hacer otra cosa. Vos me llevas y por eso es tu culpa, yo me dejo llevar y por eso es mía. 
Ya no pretendo convencerme de que pondré resistencia la próxima vez. No será así. Sé que habrá una próxima vez porque te conviene venir para llevarme de vez en cuando, todo esto no hace más que alimentar tu ego. Un ego que pretendo destrozar... un ego que me gustaría destrozar.
No. No sirve para nada. Esto es inútil y cualquier otra cosa también lo sería. Cualquier derivado, cualquier alternativa.
Si lo sé, ¿para qué intento dejarme convencer por mí misma de lo contrario? 

domingo, 28 de diciembre de 2014

jueves, 25 de diciembre de 2014

Y bue

No me hace mucha gracia que sea Navidad. Ayer vinieron visitas, hoy vienen visitas, el 31 nosotros seremos las visitas. Visitas que no me importan, que no necesito, que me ahorraría si pudiera. Acá estoy, haciendo tiempo para no estudiar ni prepararme para recibir gente. 

La misma certeza que te oprime

A lo mejor voy mal.
A lo mejor voy bien. 
A lo mejor todo cambió.
A lo mejor no cambió nada.
A lo mejor estoy en las mismas pero distinto.
A lo mejor estoy en las mismas pero distinta.
A lo mejor, a lo mejor, a lo mejor, a lo mejor, a lo peor.
Es cierto que no estoy cómoda donde estoy, pero no suelo estar cómoda en ninguna parte, así que realmente no sirve como referencia de nada.
Voy a decirme que sí. Por una vez, qué más dará si me estoy mintiendo o me estoy diciendo la verdad. A nadie más parece importarle, ¿por qué iba a importarme justo a mí?
Por lo menos esta mentira no tiene nada de esperanzadora. Esta mentira no me puede decepcionar. Elegida la mentira sólo tengo que mantenerme en ella, no puedo darme el lujo de inflarla ni de dejar que se marchite, tengo que respetar sus límites. 
Esta estupidez no conduce a nada, a absolutamente nada, te estás dejando llevar pero sabés que no hay un fin ulterior, esta ida a ninguna parte es en sí misma, es sin posibilidad de llegar a ser. Pero... No. No hay nada más allá de la corriente. La corriente acaba contra un dique inquebrantable. Eso significa que tendrás que abandonarla, sí, pero no te aflijas, encontrarás otra. 

domingo, 21 de diciembre de 2014

Pero es un vago lamento, parecido al viento

Lo intenté y no pude, así que me perseguirá este par de semanas. Entendido y asumido. Podría ser peor. 
Por lo menos es entretenido e interesante. 
Bueno, bueno. 
Esta música siempre me pone de buen humor. Dejé de escucharlos porque soy tan mártir como cualquiera.

sábado, 20 de diciembre de 2014

La dificultad de enfocar

Lo leí en una pared y me pareció que no podía ser otra cosa que verdad. 
Estoy temblando.
Después un auto de policía se subió a la vereda y volvió a bajarse, tan rápido que no cabía duda de que había sido involuntario.
Estoy temblando.
Digo que siempre es lo mismo pero en noches como hoy me recuerdo que también es posible disfrutarlo. 
Estoy temblando.
No me gusta pensar que no fue nada. No vas a preguntar por mí, ni yo por vos, así que no podré echarte la culpa. Ni la tranquilidad de acusar me queda ya.
Estoy temblando.
Mejor me voy a dormir y ya me lamentaré mañana, cuando la realidad sea tan cierta como las mentiras que me cuento o las verdades que maquillo.
Estoy temblando.
No sabés quién soy o caeré en el olvido, nada nuevo.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Puro cliché, sea cuál sea

Encontró de repente el Gran Motivo que venía buscando desde hace tanto tiempo. Le resultaba curioso lo que había tardado en encontrarlo teniendo en cuenta que sabía exactamente cuál era su aspecto e incluso dónde residía. Le resultaba curioso... y un poco agotador. Pensó: "A lo mejor no lo encontré antes porque me daba miedo". ¿Qué era lo que le daba miedo? "Admitirlo", se dijo. ¿Admitir qué? Qué preguntas que se hacía, qué pesada que era. 
En cualquier caso, que después de haber permitido la bifurcación, le llegó el momento de serse sincera. Y en la sinceridad, el momento exacto, como era de esperar. Se le plantó el Gran Motivo delante de su cara y movió los brazos señalando lo obvio con los ojos muy abiertos y soltando a gritos "¿¡No me ves!?", "Sí, te veo". Menos mal que había permitido la bifurcación. Porque el Gran Motivo, aparte de grande, era obvio. El Gran Motivo Obvio, pero ignorado, casi conscientemente, casi o del todo. Es decir, el Gran Motivo Obvio e Ignorado.
El problema ahora era que no dependía de ella el camino que tomaría. De hecho, dependía de tantas cosas que se empezó a maldecir por no asegurarse una vía de escape. Se maldecía aunque no por ilusa, nunca llegó a pensar que "A lo mejor es que el Gran Motivo no existe y estoy exagerando, soy humana, a los humanos les encanta exagerar". Bueno, sí, lo había llegado a pensar, pero lo pensaba sabiendo que era mentira. Lo que pasa es que al cerebro le da bastante igual si algo de lo que se cuenta es verdad o no, así que lo toma todo como tal, a fin de cuentas se lo está diciendo a sí mismo. ¿Para qué iba a mentirse? "Para intentar ser feliz", como si alguna vez le hubiera funcionado. 
Bueno, entonces, que a pesar del Gran Motivo Obvio e Ignorado no pretendía hacer nada al respecto porque hacerlo le daba al Gran Motivo un peso que no quería que tuviese. No se soportaba. "¿Es Motivo o Excusa?" ¿Y eso qué importa? "Mucho, porque si es Motivo tengo que reaccionar, si es Excusa estoy reaccionando para nada". Pero por si acaso se dejó espacio para reaccionar, y ahora era lo único que quería hacer, porque no sólo era Motivo, era el Gran Motivo.
Sigue tapándose los oídos porque no quiere escuchar. O porque lo que se dice no es cierto. No lo tiene claro.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Ya no es un tema

- No te lo digo por nada, sólo es una cuestión de salud, ya nos lo dijeron los médicos, todo es mejor y más fácil si no te sobra. Lo digo por vos. Por el futuro. ¿Cómo podés estar tan segura de que no va a ir a más? Mejor ir cuidándose desde ya, después es más difícil volver. Ya lo sabés. No es cuestión tampoco de matarse de hambre, sólo cuidarse un poco, todos nos cuidamos, todos tenemos que cuidarnos. ¿Te creés que yo a tu edad no me lo quería comer todo? Y ahora también, pero no sé, no se puede. Hay que tener cuidado con las proporciones, sólo eso. Es un tema de salud. Además, yo te veía más contenta antes, con diez kilos menos. Te probabas ropa y te gustaba, no como ahora. No sé, lo digo por vos.
- ¿No era un tema de salud?
- ...

domingo, 14 de diciembre de 2014

Cuatro días terribles

En época de estrés me relajo con comida y en época de aburrimiento me distraigo comiendo. Y si estoy triste me consuelo con comida y si estoy alegre festejo comiendo. La frustración la aplaco con comida y la pereza la combato comiendo. 
Vine a decir eso porque por estas fechas no tengo mucho más para decir. 
Bueno, sí. Que no sé qué quiero hacer con mi vida. Por lo pronto, irme a dormir. 
Qué al pedo todo.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Comida de verdad

Los trabajos en grupo y su eterna eternidad. Estoy harta. De repente todo va a quedarse en el pasado. Ya estoy llegando tarde, porque pareciera que ellos saben mucho del tema, pero saben tanto que me da la impresión de que es contraproducente. Menos investigar, menos leer, más escribir, escribir, escribir. No lo considero ni empezado el trabajo. Es pesado, largo y aburrido. No me interesa en absoluto, no así, no para esto. Si alguien me lo estuviese contando como curiosidad... tampoco. La teoría literaria simplemente no es lo mío. Si eso significa que no sé apreciar lo que leo, que lo signifique. En mi subjetividad soy feliz leyendo y transformando lo que dicen para ajustarlo a mi mente, no necesito tantos líos. 
Por otro lado, tengo que sentarme a hacer el otro trabajo que es en grupo pero está más dividido entonces bueno, supongo que avanzaré algo esta noche, mm linda perspectiva de viernes noche mm... mm... Sé que tengo el domingo... ¿pruebo suerte? ¿En un día lo empiezo y lo termino? No vayamos por ahí... Difícil sacarme el reto de la cabeza una vez que se puso sobre la mesa.
Ah, no, que la noche mejor la uso para ese otro trabajo de esa otra asignatura en la que es imposible tomarse en serio al profesor. Porque en algún momento tendré que hacerlo. Porque no puedo hacerlo en otro momento. 
Y sabía que íbamos a pasar por ahí y sin embargo ahí se quedaron. Como esperando, una obra de teatro para deleitarnos. Imposible saber si una conversación fue sólo eso, si estaba hueca, si no estábamos diciendo nada. No estábamos diciendo. Vos no, desde luego, yo un poco sí, hacía coincidir lo que decía con lo que diría si estuviera diciendo algo, pero si vos no decías - que no decías nada, desde luego - entonces yo no estaba diciendo nada tampoco. 
¿Qué querés cenar? Comida de verdad. Hay que cocinarla y se tarda. Jorobar. Estoy cansada. Pero quiero comida de verdad.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

"Porque eres muy particular"

Yo en realidad no tenía pensado venir a quejarme hoy. De hecho, me estaba yendo a dormir. Los días son largos y ¿para qué? Si es que nada de lo que es tiene razón de ser. Excepto dormir. Dormir es maravilloso. Si conseguís dormir bien, si no te despertás por las noches pensando en que el colchón medio que se hunde ahí por el medio y no te endereza la espalda, ay, los riñones, ¿a qué día estamos? Ya tiene que estar por llegar, pero nunca avisa. O avisa de tantas formas distintas, con un destiempo admirable diría incluso, que me hace desconfiar de que realmente sea ella intentándose comunicar conmigo. Algo que sería tan simple como tocarme el timbre. La recibiría con la misma resignación pero sin tanto rencor.
En cualquier caso, que yo en realidad no tenía pensado venir a soltar metáforas brutas y sin pulir, no pretendía envolverme en mi propia maraña de palabras que suenan a culto y no significan nada. Por favor, soy una repetición de mí misma. Voy a ir porque total no significa nada. Nada significa nada, nada es, nada implica, nada esconde, nada aparenta, nada es siquiera lo que es. Nada. Si tiene que ver conmigo es que no existe.

lunes, 8 de diciembre de 2014

La conclusión duele todavía

No estuve y me da una pena rara que no es del todo pena. O sí, sólo es pena y no estamos acostumbrados a que la pena sea por sí misma. Tiene que haber algo más, envidia, celos, culpabilidad, despecho, asco, impaciencia, curiosidad. Supongo que la costumbre se encarga de que esos sentimientos desaparezcan. Tenía entendido que lo que el tiempo curaba era el dolor, creía que el dolor venía de la pena. Empiezo a pensar que no tienen nada que ver una cosa con la otra. Pasó algo importante, muy importante, algo calculado y definido, y no estuve, no estuvimos sería más correcto, pero no hace falta irnos por las ramas. El tiempo se lo lleva todo pero la pena es inevitable. No me pregunto más qué hubiese vivido estando con ustedes, sólo me da pena. Me da pena y espero que sean felices.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Pesadillas de ceguera

No soy la chica que sobrevivió porque nada podría haberme matado. Yo, en realidad, no tengo ningún mal con el que adornarme para que todos me admiren, eso es un privilegio de quien toma decisiones tapándose los ojos. Sería simplemente cuestión de salir a la calle sin anteojos, pero nunca me haría algo así. Lo intenté y terminé llorando sentada en el escalón que simboliza la entrada de mi casa. Cuando no veo tampoco escucho, me desoriento y me empieza a doler la cabeza.
Parece ridículo - lo es. Me gusta pensar que si acabara por algún casual en una isla desierta, mi fuerza me mantendría con vida, hasta sacaría la fuerza de voluntad que durante el día a día se las apaña para esconderse en lugares desconocidos de mi propio cuerpo, entre las costillas, entre los riñones, en el tendón de Aquiles. Lo cierto es que si no tuviese mis anteojos conmigo, me quedaría en la orilla y dejaría que la marea me llevase consigo, no opondría ninguna resistencia.

Me aguanto las ganas de regalarte un rebaño

Estoy volviendo a casa como si volviese desde la tuya, un poco más borracha, un poco menos fumada, y te extraño.
Y habrá quien a estas alturas se crea que eso es una frase de amor. Tal vez lo sea, desde mi punto de vista desde luego lo es. No es amor romántico, eso no es lo mío, ya quedó demostrado. Tendré que resignarme a lo que soy, que poco no es exactamente.
Ni siquiera soy yo quien escribe, sino un alter ego con mala suerte. Llegaste a ser más de lo que a mí me hubiese gustado, mucho más de lo que vos pretendías ser. No es tu culpa ni es la mía y ya empiezo a repetirme.
Mis pasos resuenan en una calle vacía y me pregunto si a alguien le molestan, porque ya está la noche del sábado muy avanzada, ¿o la madrugada del domingo? Todo depende de tu edad y de tu estado civil: soltera-casada-viuda-divorciada-un hijo-dos hijos; y salta la de siempre: "a mí una vez me salió que iba a tener 100 hijos". No. Esa tendría que haber sido mi respuesta. "No, tenés siete años y si tu coordinación fuese tal estarías preparándote para unas olimpiadas". Pero yo también tenía siete años y mi respuesta era "guau". 
En cuanto a la edad, bueno, ¿física o mental? ¿Hablamos del tiempo que pasó desde que empezaste a tomar oxígeno sin que el cuerpo de tu madre te lo proporcionase o de tu forma de comportarte? Las edades a veces se corresponden, pero la mental es mucho menos estable. En un día, en cuestión de horas, de un momento en realidad, la segunda muta y podrás otorgarle los números que le correspondan sólo con la ayuda de la perspectiva que te da el paso del tiempo.  
Esto lo dejo acá como esperando que lo lea quien lo tiene que leer, algo que no va a poder ser. Me dan escalofríos y se me cierran los ojos, lo que daría por estar tecleando desde mi cama. Mi reino. Mi reino daría. Ese reino que es mío sin serlo, que me pertenece aunque no exista. No pagué mis deudas ni me traje conmigo lo que me correspondía. No tuve todas las conversaciones que quería tener pero aclaré un par de lagunas que explican lo que condeno con una moral de la que no me hago responsable. 
En algún momento dejaré de desahogarme con ideas vacías que intento en vano traducir a un lenguaje congruente. Uso siempre las mismas expresiones, es inevitable, todo sale de la misma fuente. Un solo órgano no da para más creatividad. No hay tantas formas de representar una sola situación.
No puedo permitirme ser sincera. La omisión la traté como mentira durante un periodo demasiado extenso pero en estos casos es la única esperanza. Una sonrisa con la que decirlo todo sin que nadie pueda jurar que te escuchó decirlo. Cada uno con sus conclusiones y si alguno acierta, no lo sabrá nunca. No volveré a usar mi voz para compartir lo que ya me obligué a soltar. Si fue el todo o una parte, no te importa y a mí menos debería importarme, por extensión, por deducción. 
Te habrás ido a dormir y yo sigo el mismo camino. Unas copas desperdiciadas según mi yo más dependiente, muy bien invertidas según esa que se jura ser como realmente es. Pero sé estar conmigo misma como pocos podrían hacerlo si se viesen en mi situación actual. Un poco de egocentrismo y amor propio nunca viene mal, te aleja de los otros sin apartarte del todo si sabés manejarlo. Otra noche más, otra noche menos. Otra prueba superada con la desazón habitual acechando. No digo nada pero me quedo tranquila, un final perfecto para despertarme mañana sin culpa alguna.

sábado, 6 de diciembre de 2014

La relatividad de lo relativo

Lo peor del invierno son las manos frías. Manos frías, corazón caliente. Me lo repito mentalmente una y otra vez, como buscando que signifique algo. Sería terrible, después de tantos años, pensar que las manos frías no tienen ninguna relación con mis sentimientos o mi forma de expresarlos. Aunque lo cierto es que no me creo nada de todo eso. Tengo las manos frías porque la circulación funciona de una forma muy concreta y práctica. Lo importante son los órganos internos, las extremidades son prescindibles. El cuerpo humano pretende, como nosotros, ser lo más lógico posible. Digamos que el desarrollo de patologías autoinmunes es algo así como tomar decisiones estando borracho. Por todo lo demás, el cuerpo es un sistema de lo más hábil y complejo. 
Lo peor del invierno son las manos frías porque formo parte de la clase media. Lo peor del invierno sería mucho peor que tener las manos frías si no tuviese las necesidades básicas cubiertas. A veces se me olvida que tengo suerte porque tuve suerte al nacer. A veces me acuerdo. A veces me digo que no debería pensar en estas cosas, que me hace mal preocuparme por algo que no está bajo mi control. Después lo pienso un poco más y me dan ganas de llorar porque hay gente pasando frío. Y es que mañana me voy a levantar y me voy a haber olvidado de esta angustia, voy a seguir sin hacer nada al respecto, voy a volver a mis dramas semi-adolescentes de clase media. 
Tengo argumentos para defender que soy ridícula y mis problemas también.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Una de mosquitos, malaria y pelo sucio

Me voy a dormir porque de nada vale estar acá dándole las mismas vueltas al mismo tema. Las mismas preguntas con las mismas respuestas. Las mismas historias con los mismo personajes con las mismas caras en los mismos espejos. No queremos pero no podemos evitarlo. El plural de cortesía o de la doble personalidad, de la contradicción. A mí nadie me metió en esto, me metí sola, como buena mujer independiente me abrí paso. Tengo que admitir que cincuenta metros no son nada en la Amazonia, estar acá parada es cómo no estar, el ecosistema no se ve afectado por mi no presencia, soy el orgullo de cualquier ecologista. Y sin embargo, acá estoy, aunque a ningún animal, a ninguna planta siquiera, le importe lo más mínimo. Acá estoy, incapaz de darme la vuelta y salir por donde vine. Tengo una orientación malísima, aunque mi visión espacial no era tan mala cuando me hacían dibujar perspectivas. Perdón, perdón, ya habíamos concluido que "la perspectiva es un invento para vender cuadros", no era mi intención contradecirme. En cualquier caso, que si muero será de inanición porque los mosquitos no me van a contagiar la malaria y no voy a morir con las alucinaciones como último contacto con mi subconsciente, preconsciente o cómo sea que se le llame ahora. Esto de la psicología, que ni sirve ni deja de servir. Lo que quería decir es que si empiezo a moverme a lo mejor me pierdo y en lugar de salir me quedo acá metida, como rodeándola, siempre a cincuenta metros de la libertad. No creo que me adentrase más en la selva, no, aunque lo intentase las plantas empiezan a espesarse por este lado y sin machete sólo conseguiría quedarme atrapada. Que, bueno, atrapada ya estoy, pero por lo menos a las dos de la tarde, con el sol bien arriba, me llegan unos escuálidos rayos de sol que me traen alegría. Me convencen de que en este lugar, a cincuenta metros de la libertad, a kilómetros del corazón amazónico, estoy bien. Sé que no, si estuviera bien no querría salir corriendo, pero cuando me calienta el sol de las dos de la tarde no estoy segura de querer hacerlo. El resto del día... el resto del día estoy convencida de que esta humedad va a llevarme a la desesperación, me deja el pelo hecho un asco, ¿viste? 

martes, 2 de diciembre de 2014

No está dicho ni está escrito

No me soporto. A base de alejar a las reales me convertí en mi propia amiga insoportable que te llora por un consejo, no te hace caso alguno y te vuelve llorando porque todo salió mal. Ya no doy consejos. ¿Para qué? Si la culpa al final no era de ellas, que los escuchaban para olvidarlos. 
De mí no me puedo distanciar, a mí no me puedo olvidar. Así que me empiezo a caer mal, porque ya me conocía a este tipo de persona, ya la había tenido incrustada entre los dientes y me había convencido de que habían sido suficientes. No volvería a encontrarme con alguien así, o no lo reconocería al menos. Si no doy consejos, no se quedan en el aire. Si admito mi ignorancia y el absurdo que mueve los actos de cada uno, si me doy cuenta de que nada de lo que pueda decir pesa, nadie me dará la razón como a los locos.  
No poseo la verdad universal, pero nací cansada de las contradicciones humanas. Tenés que ser consecuente, tenés que ser consecuente. Y digo que uno tiene derecho a sentir, pero yo no siento. Digo que nadie traiciona si no es con voluntad y que aún así es normal sentirse traicionado, pero yo estoy traicionando sin querer continuamente y nadie me está traicionando aunque quiera vengarme -¿de qué?-. Digo que si vas a soportar algo, lo hagas, y con una sonrisa, y que para tanto no será porque sino te irías, pero estoy cansada, tan cansada, quiero llorar y explicarte lo que ya te expliqué tantas veces y no me quiero ir, esta vez no, de repente tengo las plantas de los pies hechas de cemento. Digo que hay cosas por las que llorar y lo que no fue no es una de ellas. Digo que si vas a llorar por alguien que sea porque está pasando hambre, porque está intentando cruzar la valla y lastimándose, porque está luchando las guerras de quienes se bañan en oro y juegan a tocarse las narices. 
Consecuente un poco sí que soy, no te lloro, no merecés la pena, pero pienso, ¿y si te llorase? Porque la pena no te la merecés pero la siento. ¿Y si esta es la vez? Bueno, no la pero una. Si fuese de las que lloran, ¿qué tan distinta sería la situación? ¿Para bien o para mal?
Digo que si sos de una forma u otra no pasa absolutamente nada, que podés cambiar de parecer, pero no digo mi hipótesis en voz alta, no quiero estar equivocada. 
Digo que la verdad no hay más que aceptarla, pero no sé cuál es, no quiero elegir una y que resulte ser la otra.
Así, sin querer irme, me quiero ir, para no enfrentarme a lo que sea que está pasando. Entre las pocas posibilidades, mi instinto se decanta por la que peor me sabe: soy normal.
No quiero admitirlo, no quiero decirlo.