miércoles, 3 de diciembre de 2014

Una de mosquitos, malaria y pelo sucio

Me voy a dormir porque de nada vale estar acá dándole las mismas vueltas al mismo tema. Las mismas preguntas con las mismas respuestas. Las mismas historias con los mismo personajes con las mismas caras en los mismos espejos. No queremos pero no podemos evitarlo. El plural de cortesía o de la doble personalidad, de la contradicción. A mí nadie me metió en esto, me metí sola, como buena mujer independiente me abrí paso. Tengo que admitir que cincuenta metros no son nada en la Amazonia, estar acá parada es cómo no estar, el ecosistema no se ve afectado por mi no presencia, soy el orgullo de cualquier ecologista. Y sin embargo, acá estoy, aunque a ningún animal, a ninguna planta siquiera, le importe lo más mínimo. Acá estoy, incapaz de darme la vuelta y salir por donde vine. Tengo una orientación malísima, aunque mi visión espacial no era tan mala cuando me hacían dibujar perspectivas. Perdón, perdón, ya habíamos concluido que "la perspectiva es un invento para vender cuadros", no era mi intención contradecirme. En cualquier caso, que si muero será de inanición porque los mosquitos no me van a contagiar la malaria y no voy a morir con las alucinaciones como último contacto con mi subconsciente, preconsciente o cómo sea que se le llame ahora. Esto de la psicología, que ni sirve ni deja de servir. Lo que quería decir es que si empiezo a moverme a lo mejor me pierdo y en lugar de salir me quedo acá metida, como rodeándola, siempre a cincuenta metros de la libertad. No creo que me adentrase más en la selva, no, aunque lo intentase las plantas empiezan a espesarse por este lado y sin machete sólo conseguiría quedarme atrapada. Que, bueno, atrapada ya estoy, pero por lo menos a las dos de la tarde, con el sol bien arriba, me llegan unos escuálidos rayos de sol que me traen alegría. Me convencen de que en este lugar, a cincuenta metros de la libertad, a kilómetros del corazón amazónico, estoy bien. Sé que no, si estuviera bien no querría salir corriendo, pero cuando me calienta el sol de las dos de la tarde no estoy segura de querer hacerlo. El resto del día... el resto del día estoy convencida de que esta humedad va a llevarme a la desesperación, me deja el pelo hecho un asco, ¿viste? 

No hay comentarios:

Publicar un comentario