Lo peor del invierno son las manos frías. Manos frías, corazón caliente. Me lo repito mentalmente una y otra vez, como buscando que signifique algo. Sería terrible, después de tantos años, pensar que las manos frías no tienen ninguna relación con mis sentimientos o mi forma de expresarlos. Aunque lo cierto es que no me creo nada de todo eso. Tengo las manos frías porque la circulación funciona de una forma muy concreta y práctica. Lo importante son los órganos internos, las extremidades son prescindibles. El cuerpo humano pretende, como nosotros, ser lo más lógico posible. Digamos que el desarrollo de patologías autoinmunes es algo así como tomar decisiones estando borracho. Por todo lo demás, el cuerpo es un sistema de lo más hábil y complejo.
Lo peor del invierno son las manos frías porque formo parte de la clase media. Lo peor del invierno sería mucho peor que tener las manos frías si no tuviese las necesidades básicas cubiertas. A veces se me olvida que tengo suerte porque tuve suerte al nacer. A veces me acuerdo. A veces me digo que no debería pensar en estas cosas, que me hace mal preocuparme por algo que no está bajo mi control. Después lo pienso un poco más y me dan ganas de llorar porque hay gente pasando frío. Y es que mañana me voy a levantar y me voy a haber olvidado de esta angustia, voy a seguir sin hacer nada al respecto, voy a volver a mis dramas semi-adolescentes de clase media.
Tengo argumentos para defender que soy ridícula y mis problemas también.
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