Estoy acostumbrada a tener mascota.
Cuando era chica teníamos una gata malísima a la que todos queríamos a pesar de su hijaputez y una perra maravillosa que todos adorábamos a pesar de dar un trabajo increíble. Claro que yo era muy chica, no suponían ninguna responsabilidad para mi persona, como mucho les ponía de comer a la mañana y porque me despertaba a las 7 en fines de semana, los horarios de los nenes, ¿vio?, que no tienen sentido alguno. Cuestión, que quería mucho a mis mascotas.
Después no tuvimos durante un tiempo por x e y motivos hasta que la siguiente gata nos adoptó. Nosotros a ella no, cuidado con la confusión. Ella se apareció un día en la cocina estando yo sola, y la vi, toda desnutrida y chiquita y mirándome. Me quedé parada un rato mirándola. No suelo quedarme mirando, sé que es de mala educación, pero ella me estaba mirando a mí, ¿qué dice el protocolo al respecto? Lo correcto será mirar al otro a los ojos, digo yo. ¡Hasta que el más débil sucumba! No, no creo que sea eso lo que dice el protocolo. Y, sinceramente, no creo que ponga nada en el protocolo porque ¿de qué protocolo estamos hablando? No me distraigan. ¿Por dónde iba? El protocolo, los ojos, la gata desnutrida. Un poco de leche y jamón y la gata que volvía todos los días y mi viejo con la manguera y yo y mi vieja con la leche y el jamón y la gata hacía balanza sin saberlo y le convenía aguantarse el agua de la manguera si después conseguía leche y jamón. Y mi hermano le lloró a mi viejo y mi viejo dejó la manguera y nos contó todo lo que iba a pasar y efectivamente después pasó.
No salió barata la gata. Pero a mi viejo ya le da igual porque es imposible no quererla. Y extraño a los gatitos que desaparecieron pero confío en su bienestar. Confío ciegamente como quien tiene religión. A quien me venga a decir que no están felices y contentos, lo reviento.
Esta gata sigue estando. La seguimos queriendo y mimando y es la gatificación del cariño, el amor, la tranquilidad y la lealtad porque no sólo los perros son leales y cariñosos, lo que pasa es que los gatos lo demuestran de otra forma. Una forma independiente. Los gatos representan el amor sano. Que no estén todo el santo día saltándote encima y chupándote la cara no quiere decir que no te quieran. Mi gata me ama y me lo demuestra con una indiferencia que me encanta.
El único problema es que se quedó en lo de mis viejos, obvio, no la iba a traer a la capital a que se muera de asco y además, tanto viaje de acá para allá y de allá para acá, entonces sí que dejaría de amarme, y eso no, eso nunca.
Así que me compré unos cactus.
Pero se me están muriendo.
Una nunca piensa que puede llegar a ser de esas personas a las que se le mueren los cactus.
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