Padre, ¿por dónde anda? Yo acá sentadita lo espero, sin desayunar. Sonó el despertador y me asusté, esos segundos que el cerebro tarda en acomodarse duran una eternidad. Podría estar en la casa de una amiga, en el hemisferio norte o sur, en la cama de un hospital o en el baúl de algún auto rumbo a Rusia. También podría seguir en mi cama. De hecho, seguía en mi cama. Durante esos segundos eternos una sufre, pero cuando deja de sufrir se aburre. Y putea al despertador.
Ayer a la noche tampoco me acordaba que no tenía que desayunar, aunque tal vez el Universo sí que lo hiciera, porque al ratito de despertarme pensé: "No hay nada, no tengo ganas de hacerme un Nesquick... bueno, tomo agua y cuando vuelva como algo". Cuando vuelva, cuando vuelva, cuando vuelva de ir a que me saquen sangre y después me protesten la anemia: ¡claro que tengo anemia, doctora, una señora de blanco me robó los pocos glóbulos rojos que me quedaban! Lo importante acá es que madrugué y tengo que salir de casa y mi viejo no llega del aeropuerto y el Universo se preocupa porque yo no desayune. El Universo quiere matarme de hambre. El Universo debe estar tan aburrido como yo si de verdad tiene tiempo de preocuparse por mí.
Padre, ¿por dónde anda?
No hay comentarios:
Publicar un comentario