Cuatro éramos los que volvíamos en tren. Uno+dos+yo.
Hablábamos de nada, de la facultad, del cansancio y del pequeño Nicolás. Pero no del personaje literario, aunque alguien habrá que escriba un libro sobre esto. Hablábamos del corrupto, del estafador, del chico que lleva haciendo estas cosas desde los quince años. Y ahí dije:
-Es que le diagnosticaron melo melag meloganía megalonía
-Megalomanía.
-Eso.
Y no pretendía, quería decirlo bien.
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