Entiendo, señora, su alma de paracaidista. Entiendo, además, su ansia de libertad, que se quiera independizar. Pero comprenda, señora, que no posee la inmortalidad, que su paso es efímero y a pocos interesa. Comprenda, de una vez por todas, que hoy puedo prescindir de usted, pero mañana será otro día y seguramente prefiera tenerla conmigo. Usarla. Al fin y al cabo, ¿no es eso lo que hace el ser humano? No se resista, porque en tal caso no saldrá de la celda en la que la tengo metida. No malinterprete mis actos, es la única forma de mantenerla con vida.
Hoy fue día de anteojos y semi-crisis habitual.
Hoy fue día de anteojos y semi-crisis habitual.
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