jueves, 27 de noviembre de 2014

Ay

Hacía mucho que no me iba a dormir tan tarde un día de semana. Hay un no sé qué que qué se yo en esto de dejarte las cosas para el último momento. O de eso, por lo menos, intento convencerme. Porque por qué, me pregunto, y no sabría responderme. Y ahora estábamos todos siendo eficientes y eficaces. No, sólo una de esas dos, pero no intenten que averigüe cuál. No es el momento. 
¿A qué hora me pongo el despertador? Qué pocas ganas y qué eterna se me está haciendo esta espera. Y mañana no habrá quién me levante porque últimamente lo único que quiero es dormir. Y ahora, ¿qué? Nada, nada, estoy desvariando como siempre, sólo que un poquito más tarde, o más temprano, depende de cómo lo mires. 
Adoro la tecnología y ella me odia. 
Che, ¿y después cómo se haría si no funcionara? Siempre me adelanto. Relajá, che, relajá. 
Bueno, intentemos aprovechar el rato para algo productivo, que no necesariamente interesante.

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