domingo, 30 de noviembre de 2014

Una pileta por etapa, la gran metáfora literal

No entiendo cuánto sos capaz de entender ni si entendiste ni si dejaste de entender. 
Estoy ocupada y eso está bueno pero tampoco tanto, no exageremos. 
¿Pido para irme o no? Pido y después lo pienso, mejor, ¿no? 

Quiero que haga calor y estar metida en la pileta, que nunca es la misma, y hundirme en el agua y gritar. Y ponerme anteojitos para poder abrir los ojos ahí abajo y darme la vuelta hasta estar boca arriba y mirar el cielo con una cortina de agua cristalina en el medio. Nadar del revés y esforzarme por no salir a la superficie, todo por seguir viendo las palmeras desde ese ángulo extraño, con ese filtro que me obliga a mantener la respiración. Llegar al fondo por reposar la espalda sabiéndolo imposible, fallar en el intento, salir a la superficie a tomar aire por fin y repetir el proceso.

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