Tuve que volver a ir. Cuánta rutina. Me lloran los ojos y las responsabilidades. Cascadas de innecesariedades. Innecesariedad es una palabra útil aunque no estoy segura de que exista. Como el lenguaje lo creamos los hablantes, poco importa que esté aceptada o no, yo la uso igual. Llámenme rebelde si es preciso. ¡Viva la Revolución! Desde el sillón. Y la señora me pregunta cuál es el bus que la deja en el metro, pero el metro está a dos minutos caminando. Tengo los pies fríos, ¿no les importa? ¿Y si les digo que estoy en casa y en piyama? ¿Tampoco? Curioso. A lo mejor es mentira, a lo mejor no. Ser consciente hace que todo pierda la gracia. Se creen que soy de otra forma y al final terminaré siéndolo por agotamiento, uno no tiene la consciencia tranquila si el otro lo acusa y lo juzga de lo que no es. Fallo inapelable. "Pero, pero, pero...". Silencio. Ya fue suficiente. Muy bien, de acuerdo.
No sé por qué te estás haciendo pasar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario