Se iba a llevar el bote.
Estábamos viendo el programa y mi hermano me dijo, "hoy se lo lleva porque todavía es temprano". Le creí. Cuando uno se lleva el bote dejan más tiempo al final para compartir la celebración. Uno le toma cariño a los participantes, sobre todo si parecen buenas personas. Así que queríamos que se lo llevara. Algo así como si significase justicia dentro del sistema. En realidad no, nada que ver, todo forma parte de la retroalimentación. Cuando uno se lleva el bote dejan más tiempo al final para vender la celebración.
A lo mejor no se lo llevaba.
"Bueno, ¿ponemos la película?", "¿pero no se iba a llevar el bote?", "no creo, mirá la hora que es ya", "bueno". Así que la dejamos con tres palabras sin contestar, pero el programa es grabado, lo que pase ya pasó y lo más seguro es que fuese igual que siempre. No las iba a responder todas o fallaría una, como mucho.
Se llevó el bote.
Habíamos puesto la película y nos lo perdimos. "Bueno, no pasa nada, podés verlo por Internet". Eso hice y cayó alguna lágrima de alegría empática. Me gustó que ganara y no lo vimos por la tele. No hubiese sido más real, el programa es grabado, lo que pasó ya había pasado. Me dio pena porque esa alegría absurda nos la hubiese provocado a los dos y nos hubiésemos reído nerviosos como si la conociésemos. Como si hubiésemos jugado un papel importante en todo eso. Como si fuera también mérito nuestro. Habríamos compartido la alegría absurda, duplicándola, la habríamos hecho propia.
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