Se acercó a nuestra fila dispuesto a sentarse al lado de nosotros. Creo que no supe disimular la cara de pánico. "Ehhh...", susurré.
Había cinco sillas para cinco personas pero sólo éramos cuatro en ese momento, y en el momento va el error, ¿saben? Así que sólo pude decir "ehhh...".
Y fue suficiente porque me miró sorprendido y dijo "¿Puedo sentarme?"
"Ehhh...", respondimos las dos al unísono. "¿No?", insistió sin insistir, sin llegar a sentarse, dándose cuenta, digamos.
"Mm, bueno", dijo ella.
"Es que somos cinco", murmuré, en un ataque de valentía.
"Bueno, bueno, no pasa nada, me siento por allí y así no os rompo lo que tenéis aquí montado", o algo así dijo, lo escuché y lo olvidé al segundo sin querer.
No es bullying si se trata de un profesor, ¿no? Además, éramos cinco, sólo que uno no había llegado todavía.
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