Qué lindo. Fue bastante absurdo, pero está bien que sea absurdo. Me esperaba que fuera absurdo. Tipo, fue exactamente cómo esperaba que fuese. Así que por lo menos estaba preparada.
Ridículas las lágrimas pero inevitables. Agradables.
Como cuando llegás a casa y te sacás las zapatillas y el corpiño, para que se entienda fácil. Bueno, tanto no, las zapatillas sólo.
Gracias a esos compañeros que de repente ya tienen todo el trabajo organizado. Va a ser más sencillo de lo que parecía.
Uy, y el gigante, el gigante mañana o me aplasta o me da unas palmaditas a lo "tranquila, hoy no termino con tu vida".
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